sábado, 27 de febrero de 2010

LA CULPA LA TIENE LA SOCIEDAD

Es así de duro. La sociedad nos hace amar y encumbrar la comida al nivel más alto de nuestra escala de valores desde que nacemos.

A esta conclusión he llegado esta mañana mientras hablaba con mi chico en la cama (benditos sábados en los que no trabaja que nos permiten hacer "caming", o sea, estar vagueando hasta las tantas más cuantas). Le comentaba yo, que cuando era pequeña, la gente no comía tantísimos dulces como ahora. Me refiero a que en este año 2010, es raro el día en que los niños o adolescentes (por no hablar, claro, de los adultos que tienen más dinero en el bolsillo) no comen alguna chuchería o dulce.

En nuestra época no era así. Los días de diario uno no comía "marranadas" (como decían nuestros padres) sino que se merendaba en condiciones (bocadillos, fruta o lo que fuera...). Eran los domingos, cuando uno salía de misa que, con la paga que le daban, se pensaba muy mucho qué chuchería pedir y, claro, normalmente optabas por las pipas o los quicos, mayormente porque duraban más. Tampoco es que hubiera mucha variedad. Chicles, petazetas y la cascaruja de toda la vida.

Era, por tanto, un momento especial aquél. Como los cumpleaños. Las tartas eran para los cumpleaños única y exclusivamente. Todos estábamos ansiosos porque llegara la onomástica de algún familiar o amigo, o la de uno mismo, para ponerse morado a tarta. Recuerdo que mi abuelo, que era un goloso terrible (supongo que me parezco a él), a veces me decía: "Ya viene el cumple de tu padre... Ya toca tarta".

Pero es que cuando estás en el hospital, te llevan bombones. Y cuando apruebas una oposición, lo celebras comiendo. Parece que no sabemos reunirnos si no es a comer, oye. ¿Es que no hay alguna otra forma?. ¿Por qué no nos reunimos, simplemente, a jugar a las cartas y a tomar un té?. No es muy habitual, y no sólo en España. Cuando estuve viviendo en Irlanda, la gente, con la excusa de la hora del té, se ponía morada a pastitas varias, caramelos, bombones... Vamos, una orgía de azúcar de no te menees.

Así que, subconscientemente, tenemos asociada la comida con la felicidad, los buenos ratos, los logros, etc.

Además, en la época en la que nuestros padres eran niños, cuando se portaban mal les dejaban sin comer. La asociación era fácil, ¿no?. Bondad= premio = comida. Maldad= castigo= ayuno.

Lo que quiero decir con esto es que soy una pobre víctima, como tantas, de las convenciones sociales. Y por eso peso 79.3 kg (ahora sí que lo puedo decir porque me pesé antes de ayer y ya estuve de mala leche todo el día). Porque, claro, llevo unos días horribles en el trabajo y soy infeliz. ¿Consecuencia?. Como quiero felicidad y he aprendido que la felicidad la da la comida, pues a comer... El otro día me zampé no sé cuántas galletitas dietéticas con chocolate, que me suena que engordan igual, ¿eh?.

Hoy, sin embargo, he comenzado bien el día. Ha sido en plan Blancanieves, con una hermosa manzana roja. Debe ser porque, después de estar abrazada a mi alma gemela, no necesitaba la comida para ser feliz. :)


1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues sí, es verdad, todos los acontecimientos se celebran con una buena comida. Pero eso no significa ponerse "morado/a"; se puede comer un poco de todo y no llenarse hasta decir "no puedo más". Por ahí debe ir tu lucha: probar de todo pero no abusar de nada.
Por otro lado, compensar los malos ratos con comida es no pensar en las consecuencias del sobrepeso (y me refiero a la salud, ¡claro!). Igual hacen los fumadores con el tabaco, los drogadictos con la droga, etc.En fin, ánimo y verás como dentro de un mes pesas, al menos, un par de kilillos menos, y si no, por lo menos, no aumentas.
Un beso y ¡a ser feliz!, que parece que es la mejor solución a cualquier problema (y me refiero a la "felicidad" real, o sea a la de la vida cotidiana con sus más y sus menos, que todos tenemos aunque creamos que sólo a nosotros nos pasa lo peor)